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De la historia del magnetismo
Lo que Paracelso ya sabía...

Ya en las épocas antiguas el magnetismo fascinaba y era objeto de atención para los hombres como una fuerza misteriosa. Ya en las altas culturas antiguas de Egipto, Grecia y Asia encontramos indicios de tratamientos con piedras y varas magnéticas. Los legados antiguos (Hipócrates y Paracelso) hablan de la fuerza curativa de la "piedra de hierro". Por lo tanto el magnetismo es uno de los remedios curativos más antiguos aplicado a los estados de dolor agudos, crónicos y estereotipos, así como para diversas dolencias sin provocar efectos secundarios u otros riesgos.

Sin embargo la investigación científica sistemática sobre el magnetismo no comenzó hasta el siglo XVII. El matemático de Götting, K. F. Gauss, elaboró los principios científicos básicos y desarrolló aparatos de medición del magnetismo. En su honor se mide la fuerza del campo magnético en Gauss (G).

Así pues el campo magnético de la tierra forma un escudo protector sin el cual la vida en su forma actual sobre la tierra sería prácticamente imposible.

Todas las cosas así como las fuerzas poseen dos polos: positivo y negativo. De igual manera la tierra también tiene dos polos. A partir de los opuestos complementarios entre sí, es decir el positivo y el negativo, surge la polaridad. Positivo y negativo oscilan, generan energía y con ella fuerza vital. Esto comienza en el átomo, continúa en las células de nuestro cuerpo y se extiende hasta vastedad del universo colmado de luz y otras vibraciones.

Antiguamente el hombre no conocía la electricidad técnica y el cuerpo vivía en armonía con las frecuencias naturales de la naturaleza. Nuestro planeta tierra vibra en una frecuencia natural extremadamente baja, también llamada ELF (extremly low frequencies). Esta resonancia de la tierra ha sido medida con 7,83 hertzios y es denominada "Resonancia Schumann" (por su descubridor: W. O. Schumann). En este campo electromagnético natural de la tierra se ha desarrollado el hombre en combinación con la radiación cósmica.

Las frecuencias del campo magnético de la tierra (cantidad de vibraciones por segundo) se sitúan exactamente en el mismo ancho de banda en el que trabaja también el campo eléctrico del cerebro humano. Al cuerpo sólo se le debería suministrar aquellas frecuencias con las que el también pueda corresponder en el campo biológico natural. La pequeña parte de nuestro cerebro llamada hipotálamo vibra con la misma frecuencia (7,83 Hz, ondas Schumann) que el campo magnético de la tierra.